El Castillo

   
      A duras penas se yergue majestuoso en un cerro rodeado por el río Navia, que le sirve de foso, este testigo directo de tiempos en los que los hombres y mujeres luchaban por defender sus ideas y creencias más que por la propia vida.

      Aunque sus orígenes son desconocidos,  el adelantado Mayor del Reino de Galicia, García Rodríguez de Valcarce, impuso su señorío desde el Castillo de Doncos, en el siglo XIV, pasando a manos de sus descendientes hasta que, finalmente, en 1603 no quedaba más que una torre abandonada, la misma torre de forma cuadrada que ha llegado a nuestros tiempos.  

      De lo que fue la primitiva fortaleza sólo queda la esbelta torre construida a base de mampostería de caliza y piezas de granito en los ventanales y algunas saeteras. De forma cuadrada, mide 8 metros de lado y unos 24 de alto, con un espesor en sus muros de unos 1,80 m. La puerta de entrada, de 1,10 m. de ancho por 2,25 m. de alto, se abre en arco circular, que ha perdido su primitivo dintel de granito.

      A mediados del siglo pasado conservaba prácticamente todo su almenaje, pero los repetidos movimientos sísmicos de los años 90 y el abandono institucional permanente, han llevado a la torre a una situación lamentable de tal manera que, si no se pone remedio, terminará derrumbándose.

   

Cara Sur, la más deteriorada, con una enorme y peligrosa grieta central
  

El poniente
  

Cara norte, donde se encuentra la entrada
  

El naciente. La parte mejor conservada
  

Detalle interior
  

Detalle de la entrada
  

Detalle de la grieta desde el interior. El arco superior se cayó con los terremotos. 
  

El actualmente desaparecido arco superior.
   
Magnífica vista desde el poniente.
  

Una última vista desde la carretera.
     

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